5 trucos para enfrentarte a un bufé libre

Bufé libre

Los bufés son una alegría para la vista y un gran estímulo para los sentidos. Pero tienen peligros: cuidado con las mezclas y las cantidades. El gran riesgo del bufé libre no es solo comer más de lo que necesitas, sino las mezclas entre distintos alimentos que pueden resultar explosivas para tu estómago y dejarte sin energía.

Hoy, la experta en nutrición Gema Martíz te trae cinco trucos para que disfrutes de lo mejor del bufé libre sin sufrir sus consecuencias.

 

1. El desayuno, la comida más importante

Los bufés suelen tener una gran oferta para desayunar. La fruta limpia y cortada resulta un placer indescriptible para comenzar bien el día. Evita la fruta en conserva y opta por la natural. A continuación, puedes decantarte por un huevo, algún fiambre magro y pan integral. Otra opción es  pan integral con aceite y tomate. No abuses con la cantidad. Al fin y al cabo después vas a comer, así que no hay que tomárselo todo como si no hubiera un mañana.

Si eres de cereales, un buen tazón con cereales integrales y yogur, ilustrado con algún fruto fresco y seco, te pondrán las pilas.

Si  puedes evitar la bollería, mejor. Si no puedes (porque la tentación es tan grande que no la puedes vencer), negocia contigo mismo: un pequeño croissant o similar y basta. Las vacaciones son largas, ¡dosifica las indulgencias!

 

2. Comida y cena: lo que bien empieza, bien acaba

Elige siempre para empezar un plato de ensalada con predominancia de verduras de hoja verde y  vegetales. Evita las salsas (mayonesa, salsa rosa…) para aliñarla. Una vinagreta o un aliño de aceite de oliva, vinagre balsámico y alguna hierba, te permitirá reducir la ingesta de calorías. La fibra de las verduras irá saciando tu hambre.

Una buena continuación puede ser un plato de arroz con verduras o paella. O una pasta. Si aún tienes hambre, puedes repetir más de lo mismo que hayas tomado o añadir una porción de carne o pollo asado (preferiblemente sin salsa). Evita las albóndigas y otros platos que lleven carne picada porque pueden enmascarar una enorme cantidad de grasa.

Por la noche, puedes empezar visitando la zona de las sopas. Una sopa, fría o templada, te hidratará y facilitará la digestión del segundo plato. Puedes optar por un consomé o una sopa de verduras. Después, no puede faltar una ración de proteínas. El pescado, los huevos o una carne magra son ideales. Puedes acompañarlos con alguna verdura  como guarnición (guisantes, brócoli, judías verdes…).

 

3. Evita a los  enemigos

Las patatas cocidas pueden ser un buen acompañamiento (siempre que no estén rociadas de mantequilla), pero las patatas fritas… ¡huye de ellas! Otro enemigo son los fritos, que a menudo sirven para enmascarar la falta de frescura de los alimentos.

 

4. Los postres: la gran tentación

Aquí es donde la mayor parte de las personas pierde los papeles. La paleta de postres tiene un magnetismo que pocos pueden resistir. Lo ideal sería dejarlos pasar, porque esa cantidad de azúcar y harina para finalizar, es una bomba para tu estómago y tu intestino. No obstante, si no puedes prescindir, opta por un flan, un yogur o unas natillas. Tendrás tu bocado dulce, pero sin harinas. Si eres goloso hasta la médula, intenta tomar solo una porción de un postre. Y nada más. Mañana podrás probar otro distinto.

Si vas a tomar helado, espera unos veinte minutos, para no enfriar la digestión. Sírvete una porción pequeña y tómala despacio.

 

5. Revisa tus creencias

Hay dos creencias que te la pueden jugar:

– “Voy a servirme de todo y un montón porque se acaba”, ¿te suena?

Sabes que no es verdad porque en el buffet hay mucha comida y la van reponiendo constantemente.

      – “Como está pagado… me voy a aprovechar”

Comer más para obtener un valor por el dinero que has pagado, no suena muy lógico, ¿verdad? Pagas por comer lo que necesites, pero nunca hay que olvidar que comemos para alimentarnos bien, estar sanos y tener suficiente energía. Una ingesta excesiva puede provocar que mi energía baje o que mi cuerpo esté incómodo e incluso que enferme.

Lo ideal es tener una experiencia agradable y salir de allí feliz, sabiendo que hemos usado el bufé con sentido común. Si lo consigues, puedes estar seguro de que tu dinero ha valido la pena.

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