4 síntomas de estrés: cuándo tu cuerpo te advierte de que bajes el ritmo

Mujer estresada

Cuando estás llegando al límite, tu cuerpo te manda señales que te avisan de que debes bajar el ritmo. Es fundamental saber identificar esos avisos y reducir una marcha a tiempo. Con ese objetivo, te hablamos de cuatro síntomas de estrés.

Acné

La ansiedad puede incidir de forma negativa sobre la producción de grasa de las glándulas sebáceas. En periodos de nerviosismo, esa producción se acelera, lo que provoca que los poros se taponen. Si a esto le sumamos la acción de algunas bacterias, que se cuelan en esos poros taponados y provocan infecciones, tenemos el antiestético acné.

Por supuesto, el acné también puede ser provocado por otros factores, sobre todo, relacionados con cambios hormonales. No obstante, si no estás en una etapa de variaciones de este tipo (adolescencia, embarazo, ovulación o periodo) y te ha aparecido acné repentino, lo más probable es que se deba al estrés.

Caída del cabello

El pelo se cae por multitud de factores, relacionados con la alimentación, el estado general de salud e incluso la genética. Sin embargo, si no has tenido unos precedentes de este tipo y, de repente, entras en un periodo en el que notas que se te cae más, es muy probable que sufras alopecia nerviosa.

Reducción del apetito sexual

En épocas de estrés, el cuerpo incrementa la producción de la hormona cortisol. Esta es la responsable del incremento de la creación de sebo que da lugar al acné, e incide, además, sobre el apetito sexual. Digamos que el organismo se centra en crear cortisol y deja de lado la producción de las hormonas relacionadas con el deseo.

En tal caso, se produce una especie de espiral, ya que uno de los tratamientos naturales más recomendables para el tratamiento del estrés es la práctica de sexo seguro.

Aumento de peso

Otro síntoma de la sobreproducción de cortisol. La hormona estimula el apetito y, además, de la peor manera posible: no, el cortisol no va a hacer que te apetezca comer toneladas de lechuga y puerro, sino que va a estimular tu deseo hacia alimentos calóricos, especialmente, los hidratos de carbono y los dulces. Por eso, cuando estamos estresados comemos más.

Y ahora… ¿qué?

Bien, has detectado una o más señales de estrés en tu cuerpo. El siguiente paso es relajarte. Te damos unos trucos:

  • Toma vitaminas: es fundamental reforzar tu organismo con una dosis extra de vitaminas. Te recomendamos el jugo de aloe vera Green Frog, que aporta vitaminas A, B, C, D, además de minerales y aceites esenciales que te ayudarán a sentirte más fuerte.
  • Descansa: consigue un patrón de sueño saludable haciendo pequeños cambios en tu rutina. Huye de las cenas pesadas, toma infusiones de tila o valeriana antes de dormir y evita los aparatos electrónicos antes de acostarte. Un buen libro es tu mejor aliado.
  • Aliméntate bien: igual el cuerpo te está pidiendo una caja de bollos industriales con chocolate, pero recuerda que todo es culpa de la sobreproducción de cortisol. Escucha a tu organismo sin perder la cabeza. Toma fruta y verdura como si no hubiera mañana y, si te apetece dulce, opta por opciones más saludables y menos calóricas. El chocolate negro es una opción muy sana, puesto que el cacao es un gran antioxidante. También puedes probar las leches vegetales, los zumos de frutas naturales, las pasas o la miel.
  • Relativiza: tendemos a preocuparnos por todo, a intentar salvar a todos y a tenerlo todo controlado, y eso es imposible. Si has detectado que hay algo que te produce estrés, medita fríamente y plantéate, primero, si es tan grave como te parece y, segundo, si está en tu mano solucionarlo. Si puedes solucionarlo, decide cómo y ponte manos a la obra sin prisa pero sin pausa. Si no está en tu mano solucionarlo, relativiza. Sencillamente, el asunto no depende de ti.

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